Las TIC y los procesos de enseñanza-aprendizaje: la supremacía de las programaciones, los modelos de enseñanza y las calificaciones ante las demandas de la sociedad del conocimiento
Resumen: “Las TIC y los procesos de enseñanza-aprendizaje: la supremacía de las programaciones, los modelos de enseñanza y las calificaciones ante las demandas de la sociedad del conocimiento”
Los docentes han intentado introducir las TIC en el aula a pesar de las dificultades que ello ha conllevado para parte del colectivo, aunque el uso ha sido muy dispar. En la mayoría de los casos el único cambio apreciable es de tipo material, es decir, la sustitución parcial del uso de los libros de texto por el ordenador, manteniendo la estructura de clase tradicional. En estos casos las TIC no se han utilizado para superar el aprendizaje meramente académico.
El papel desempeñado por el profesorado sigue siendo una pieza fundamental en los procesos de enseñanza, aunque se vaya creando un pequeño espacio en el que el alumnado toma protagonismo y manipula un recurso a través del cual también aprende.
La enseñanza está centrada, pues, en la transmisión de los mismos o similares contenidos, alternando el uso de los recursos que ofrece la red con el libro de texto.
Existe una preocupación imperiosa por acabar los programas y por compatibilizarlos con el uso de las TIC, lo cual resulta una compleja tarea, ya que el uso de los tiempos difiere dependiendo del modelo de enseñanza que se utilice.
Evidencian que introducir las TIC requiere de ciertos cambios que aún no se han concretado: cambios que no pueden ser únicamente de material y de formato, sino que habrían de abarcar qué, cómo y cuándo enseñar y aprender. Si los tiempos son distintos, la implicación del alumnado es diferente (con mayor protagonismo y motivación) y la utilización del lenguaje digital supone romper la linealidad de los textos, la organización de los contenidos, y las secuencias también se ven afectadas.
Uno de los cambios más destacados a lo largo del estudio, por la mayoría de los informantes, es que el tiempo ha cambiado. Para el alumnado, por ejemplo, “el tiempo pasa más rápido” por la motivación en el uso del medio. Para el profesorado el trabajo desarrollado con el libro de texto está determinado, más acotado, porque la información está presentada de modo lineal: empieza en un punto y acaba en otro. No da opciones al alumnado de desviaciones de lo que se trata en determinado momento; todo está medido y perfilado.
Todo ello facilita que el temario se finalice en los tiempos estipulados por la Administración sin temor a que quede materia por dar, lo cual podría acarrear problemas posteriores al alumnado. Por otra parte, el trabajo desarrollado con las TIC rompe la linealidad de la presentación de la información. En cualquier momento el alumnado puede optar por aclarar, indagar y curiosear a través de hipervínculos o continuar navegando por la red motivado por algún interés. Del mismo modo puede volver a aquello que estaba trabajando inicialmente.
Desde esta perspectiva reflexiva los docentes ejercen funciones relacionadas con la dinamización y guía de los aprendizajes para favorecer la indagación, la crítica, la contrastación y la reflexión, utilizando para ello un instrumento atractivo y agradable para el alumnado, que les ameniza su estancia en la escuela al aproximar, al menos en el medio, la cultura escolar a sus realidades cotidianas.
El proceso de enseñanza-aprendizaje se ha visto enriquecido con la introducción de las TIC en el aula, ya que para el alumnado la utilización del ordenador supone un importante estímulo en su aprendizaje.
En general, el uso del ordenado ha permitido conseguir una metodología más activa. La presencia de ordenadores en las aulas ha favorecido, en algunos casos, que las estrategias metodológicas se hayan diversificado ya que, el libro de texto ha dejado de ser el único protagonista en el aula, al dejar de ostentar la exclusividad de proporcionar información, actividades, ilustraciones y presentaciones, hasta ahora caracterizadas por su linealidad.
Por otra parte, las explicaciones desarrolladas por el profesorado en algunos casos, ya no siguen únicamente el orden y secuencia presentado en este material curricular. Se combinan las explicaciones con la búsqueda de información a través de Internet, con la intención de conseguir motivar al alumnado. No obstante, el profesorado es muy cauto a la hora de utilizar este recurso, por considerar a la vez su relevancia, por constituir una ventana al mundo que permite al alumnado aproximarse a otro tipo de lenguaje (el multimedia), y mantener una intensa preocupación por el uso de la lengua, que a menudo se reduce a la caligrafía.
Un tipo de aprendizaje que se ve apoyado, además, en numerosas actividades realizadas con el ordenador en las que se va respondiendo a sucesivas preguntas motivados por la puntuación final, asimilándose así a actividades de enseñanza programada.
Pero también se provocan aprendizajes con un alto potencial educativo, como los que resultan de la enseñanza por investigación, si bien entre ellas hemos podido observar grandes diferencias. Como ya apuntábamos, los procesos de investigación prolongados han ofrecido mejores resultados que aquellos en los que se buscaba tan sólo alcanzar un objetivo.
Por último, el trabajo de iguales ha fomentado también enseñanzas a través del diálogo cooperativo, en las que se han potenciado valores como la solidaridad y el compañerismo a la vez que han logrado potentes aprendizajes, aunque ha estado férreamente condicionada por la nueva distribución espacial.
La implantación de las TIC ha significado un cambio físico radical, pero no así su uso didáctico, que se está llevando a cabo a través de pequeños pasos. Por ello, funciones tradicionalmente atribuidas a la institución como la clasificación del alumnado, tan arraigadas en la comunidad escolar, difícilmente podrían variar de forma significativa en tan breve período de tiempo.
Frente a la idea de que las tecnologías digitales exigen la emergencia de nuevos sistemas de evaluación (Pedro y Benavides, 2007), es casi unánime entre el profesorado estudiado el pensamiento de no ver la necesidad de modificar la evaluación teniendo en cuenta el conjunto de cambios vividos en la institución. Esta unanimidad además, se encuentra sustentada en cómo la mayoría de los docentes (como el que pasamos a citar) continúan sin ver la necesidad de modificar los programas de las asignaturas. Si éstos aun no deben modificarse, ¿por qué habría de hacerlo la evaluación?
La totalidad de los profesionales del centro comparten la idea de la bondad de las TIC en los procesos de enseñanza-aprendizaje como herramientas de trabajo. La evaluación aparece como una cuestión alejada de los procesos de enseñar y aprender, y estrechamente vinculada al control de los docentes sobre los aprendizajes acabados del alumnado, esto es, los productos. Por ello, si a lo largo del curso se le da una mayor importancia al uso de ordenadores en clase, por su potencial motivador, su poder persuasivo y la riqueza de sus recursos, al final de los trimestres dejan de tener todo el potencial porque de lo que se trata entonces es de calificar.
Sin embargo, un reducido grupo de profesionales ha utilizado las TIC para evaluar a los chicos y chicas, aunque su función haya sido a menudo igualada a la calificación. Estos docentes sólo habrían adoptado nuevas fórmulas de desarrollo de las ideas pedagógicas previas, que frecuentemente se ven acentuadas en la misión de control que se atribuye a las tareas evaluadoras: los exámenes y controles modifican su formato adaptándose a métodos de respuestas cerradas, fácilmente cuantificables y rápidamente rellenables.
Existen algunas evidencias que ponen de manifiesto una contradicción generalizada, fruto probablemente de una cultura escolar llena de paradojas como puede ser apostar por un aprendizaje entre pares, el trabajo colaborativo, solidario que posteriormente es evaluado individualmente. Las TIC no sirven para diferenciar lo aprendido entre los estudiantes y por ello la mayoría las desestima por no servir a los intereses de la clasificación de la evaluación.
Los docentes han hallado en las TIC un recurso valioso para atender a los distintos ritmos e intereses del alumnado en las aulas. Son conscientes de las dificultades y posibilidades de algunos de sus estudiantes, por lo que ven en esta herramienta de trabajo una ayuda para adecuar su intervención profesional a las necesidades de sus estudiantes.
El profesorado estudia cuidadosamente la situación de partida de su alumnado y lo distribuye en parejas de trabajo. El hecho de compartir mesa y ordenador permite que el alumnado se ayude solidariamente para construir el conocimiento. Ahora bien, a pesar de que la colocación de los estudiantes no es arbitraria, si la atención se concreta exclusivamente en dejar actuar al aprendiz hasta donde le permiten sus conocimientos y que el resto del trabajo lo desarrolle su compañero/a sin tratar de que avance, la atención puede peligrar puesto que las diferencias individuales pueden convertirse en motivo de desigualdad.
Ahora bien, con las TIC también se puede ocultar una realidad. Efectivamente, todo el alumnado trabaja con el ordenador, sin tener que acudir a los cambios de aula para desarrollar adaptaciones curriculares, con lo cual se evitan discriminaciones entre el alumnado
Sin embargo, bajo esa apariencia de trabajo común adaptado a los distintos ritmos y valiéndose del ordenador pueden estar desarrollando un trabajo demasiado distanciado del de sus compañeros y a veces excesivamente simple, aunque la intencionalidad por parte del profesorado sea cubrir las necesidades del alumnado.
Bibliografía
Sepúlveda, M. Las TIC y los procesos de enseñanza-aprendizaje: la supremacía de las programaciones, de los modelos de enseñanza y las calificaciones ante las demandas de la sociedad del conocimiento. Universidad de Málaga España.
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